La epidemia de la soledad | La lucha de la Generación Z por la intimidad en la era digital
Nunca habíamos estado tan conectados. Un mensaje, un deslizamiento de pantalla, una videollamada. Llegar hasta alguien nunca había sido tan fácil. Sin embargo, la soledad no deja de aumentar en todo el mundo, especialmente entre los más jóvenes. Desde el agotamiento provocado por las aplicaciones de citas hasta la cultura del burnout y el declive de la intimidad, un creciente número de investigaciones sugiere que la conexión digital no está logrando llenar el vacío emocional que muchos esperaban.
Tan conectados, pero tan solos
Vivimos en la era de las ciberconexiones. El auge de las redes sociales ha hecho que conectar con otras personas sea más fácil que nunca, sin importar la hora del día o la distancia geográfica. Antes, si querías saber de un amigo que vivía lejos, tenías que llamarlo a su teléfono fijo o enviarle una postal. Hoy basta con un clic. Pero si esto es así, ¿por qué todo el mundo habla de una «epidemia de soledad»?
Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud revela que la soledad es una experiencia universal que afecta a personas de todas las edades. Sin embargo, los jóvenes y quienes viven en países de ingresos bajos y medios son los más afectados. Entre las personas de 13 a 29 años, alrededor del 17% al 21% afirma sentirse sola con frecuencia, especialmente los adolescentes. En los países de ingresos bajos, casi una de cada cuatro personas declara sentirse sola, el doble que en los países con mayores ingresos, donde la cifra ronda el 11%.
El aislamiento social es más difícil de medir, pero las estimaciones indican que podría afectar hasta a uno de cada tres adultos mayores y a uno de cada cuatro adolescentes. Para algunas personas, mantener vínculos sociales resulta todavía más complicado. Las personas con discapacidad, los refugiados, los migrantes, las personas LGBTQ+, las comunidades indígenas y las minorías étnicas suelen enfrentarse a barreras adicionales o a situaciones de discriminación que dificultan la creación de relaciones cercanas.
La Generación Z y el problema de la intimidad
Esta soledad se siente con especial intensidad en el ámbito de las relaciones afectivas y la Generación Z se ha convertido en el centro de atención de este preocupante fenómeno social.
El Kinsey Institute, un instituto de investigación especializado en sexualidad humana, junto con Lovehoney.com, realizó una encuesta nacional que revela que uno de cada cuatro adultos de la Generación Z aún no ha mantenido relaciones sexuales con otra persona. Casi un tercio, un 31%, afirmó haber practicado sexting o cibersexo. En otras palabras, cuando los jóvenes dicen que no están teniendo relaciones sexuales, en muchos casos simplemente están explorando su sexualidad de formas diferentes. Sin embargo, el estudio también pone de manifiesto una serie de preocupaciones psicológicas que han llevado a describir a la Generación Z como una generación casi asexual.
Los resultados documentan un preocupante aumento del estrés y la ansiedad, con niveles de malestar psicológico sin precedentes. ¿Qué está provocando esta situación? La deuda estudiantil y las preocupaciones económicas, el flujo constante de negatividad en las redes sociales y la ansiedad permanente ante la crisis climática son algunos de los factores. A ello se suman la llamada crianza helicóptero, un estilo de crianza caracterizado por la supervisión excesiva de los hijos, y los años de confinamientos durante la pandemia, cuyas secuelas psicológicas todavía siguen presentes.
Otro estudio, también dirigido por el Kinsey Institute en colaboración con DatingAdvice.com, concluyó que más de uno de cada tres adultos solteros de la Generación Z afirma practicar el celibato y que, para aproximadamente uno de cada cinco, esa situación no responde completamente a una elección personal. Resulta especialmente llamativo que más del 15% de los hombres de la Generación Z y cerca del 18% de las mujeres de esta generación hayan decidido conscientemente permanecer célibes.

¿Es consecuencia de la cultura del burnout?
Un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Iwate y la Universidad de Kyushu, en Japón, señala que el estrés emocional lleva años aumentando a escala global y que la pandemia de COVID-19 no hizo sino agravar la situación. En todo el mundo, especialmente entre los jóvenes, las personas que viven en zonas rurales y quienes tienen empleos inestables, este malestar se siente con más fuerza que nunca. Este aumento del estrés está llevando a muchas personas a evitar situaciones sociales, lo que evidencia la necesidad urgente de más apoyo y de una mejor atención en salud mental.
Además, un análisis de 2025 muestra que, cuando las personas se sienten más estresadas, tienden en general a experimentar menos deseo y excitación sexual. En particular, la investigación destaca que la relación entre estrés y deseo sexual varía según el género. Aunque un mayor deseo o excitación sexual podría ayudar a reducir el estrés, especialmente en las mujeres, la dinámica es más compleja de lo que parece.
Por ejemplo, los investigadores analizaron el cortisol, una hormona vinculada al estrés, y descubrieron que, cuando las mujeres presentaban niveles más altos de cortisol, era menos probable que sintieran deseo sexual. En los hombres, en cambio, la relación era mucho más débil o incluso ligeramente positiva. Así, parece que el estrés, especialmente cuando se manifiesta en niveles elevados de cortisol, puede reducir el deseo sexual más en las mujeres que en los hombres. No obstante, estos hallazgos no mostraron diferencias de género a lo largo del tiempo, lo que sugiere que todos estamos, de algún modo, expuestos al impacto prolongado y desgastante que el estrés ejerce sobre nosotros y sobre nuestro bienestar sexual.

¿Las aplicaciones de citas nos están haciendo más solitarios?
Las aplicaciones de citas están diseñadas para fomentar conexiones y simplificar la forma en que las personas se conocen y empiezan a salir. Pero ¿y si, paradójicamente, también fueran una de esas fuerzas que alimentan nuestra creciente soledad? Muchos factores llevan a terapeutas y académicos a considerar esta hipótesis.
Para empezar, debemos reconocer el mecanismo básico de muchas aplicaciones de citas: el desplazamiento infinito, una dinámica que puede conducir fácilmente al agotamiento. Aunque existen algunas plataformas, como la aplicación neerlandesa Breeze, que no emplean esta técnica, la gran mayoría se basa en un sistema que permite seguir deslizando durante bastante tiempo, cuando no de forma indefinida. Tinder, por ejemplo, permite desplazarse sin fin por los perfiles. Sin embargo, en lo que respecta a dar «me gusta», es decir, deslizar hacia la derecha, la versión gratuita solo permite indicar interés en 100 perfiles dentro de un periodo de 12 horas. Ahora imaginemos una jornada entera de citas rápidas en la que tuviéramos que socializar y conectar emocionalmente con 100 personas. Después de todo, no es una cifra menor.
Observaciones publicadas en la revista Psychiatric Times destacan otros componentes de las citas online que pueden parecer triviales, y que por ello a menudo se pasan por alto, pero que resultan problemáticos a largo plazo. Estas plataformas pueden alimentar una cultura del perfeccionismo y de una competencia sin precedentes, lo que puede derivar en graves problemas de autoestima. Las aplicaciones de citas también favorecen el ghosting, es decir, la interrupción abrupta e inexplicada de la comunicación por parte de una de las personas. A esto se suma un fenómeno más grave y potencialmente degradante: la explotación sexual, que a menudo aparece vinculada al intercambio de fotografías íntimas y al tristemente célebre fenómeno de la «porno venganza».
La opinión de los expertos sobre el problema de la intimidad
El psicólogo social Justin Lehmiller, también investigador asociado del Kinsey Institute, explica que mantener relaciones sexuales con una pareja puede mejorar el estado de ánimo, aliviar el estrés y ayudar a proteger frente a la ansiedad y la depresión. Diversos estudios han observado que las personas tienden a sentirse mejor al día siguiente de haber mantenido relaciones sexuales y que, en el caso de las parejas, tener sexo en días especialmente estresantes puede reducir el estrés más que en aquellos días en los que no lo tienen. Durante los confinamientos por la COVID-19, las personas sexualmente activas reportaron menos síntomas de ansiedad y depresión. Interpretar el aumento de la evitación sexual como algo positivo pasa por alto una realidad importante: la ausencia de relaciones sexuales puede ser tanto una señal como un factor que agrava los problemas de salud mental, algo que no deberíamos ignorar.
La paradoja de la vida moderna resulta cada vez más difícil de pasar por alto: las herramientas diseñadas para acercarnos también pueden estar contribuyendo a nuestra sensación de desconexión. Ya sea por el estrés crónico, los cambios en la forma de entender el sexo, las presiones de las citas online o las secuelas persistentes de la pandemia, muchos adultos jóvenes encuentran hoy más difícil que nunca navegar la intimidad. La pregunta ya no es si la soledad existe en un mundo hiperconectado, sino cómo podemos reconstruir relaciones significativas dentro de él.
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©Paola Chaaya vía Unsplash
