El coste oculto del protector solar: cómo proteger la piel sin dañar la vida marina
Descubre cómo la contaminación causada por los protectores solares afecta a los arrecifes de coral y a los ecosistemas marinos. Aprende a proteger tu piel de los rayos UV mientras eliges alternativas de protectores solares respetuosas con los océanos y seguras para los arrecifes.
El verano y el sol van de la mano, trayendo consigo innumerables beneficios tanto para nuestro bienestar físico como mental. Desde estimular la producción de vitamina D hasta mejorar nuestro estado de ánimo, pasar tiempo al sol es uno de los placeres que muchos esperamos con ilusión tras los largos y oscuros inviernos. Sin embargo, aunque proteger nuestra piel de los dañinos rayos UV es esencial, cada vez hay más evidencias que sugieren que algunos de los productos en los que más confiamos podrían estar teniendo consecuencias no deseadas bajo las olas.
A medida que aumentan las preocupaciones por el cáncer de piel y surgen nuevas investigaciones sobre la contaminación causada por los protectores solares, resulta cada vez más importante comprender cómo podemos proteger tanto nuestra salud como la salud de nuestros océanos.
Verano: una explosión de vitaminas
Se acerca el verano y, con él, nuestro deseo de pasar más tiempo al sol, disfrutando de sus cálidos rayos sobre la piel tras meses de oscuridad y lluvia. Los beneficios de la exposición solar son innumerables, y la vitamina D es uno de los más conocidos.
A diferencia de la mayoría de las vitaminas, que debemos obtener a través de la alimentación, nuestro cuerpo puede producir vitamina D cuando la piel se expone a la luz solar. La luz del sol desencadena una reacción en la piel que genera vitamina D, aunque la cantidad producida depende de cuánta radiación UVB alcance la piel. Llevar más ropa, utilizar protector solar y tener una piel más oscura (con mayor cantidad de melanina) reduce la producción de vitamina D. Por ejemplo, una persona de piel clara que pase unos 30 minutos al sol durante el verano vistiendo un bañador puede llegar a producir hasta 50.000 UI (1,25 mg) de vitamina D en un solo día. Las personas con piel bronceada u oscura también producen vitamina D, aunque en menor cantidad durante el mismo periodo de tiempo: entre 20.000 y 30.000 UI en pieles bronceadas y entre 8.000 y 10.000 UI en pieles oscuras.
Pero los beneficios de tomar el sol no son únicamente físicos; también son psicológicos. Que el sol nos hace más felices no es solo un mito. Las investigaciones muestran que la falta de vitamina D se ha asociado con un mayor riesgo de depresión, y que los suplementos de vitamina D podrían ayudar a las personas que la padecen. Sin embargo, para la mayoría de nosotros, la luz solar sigue siendo la principal fuente de vitamina D, por lo que recibir suficiente exposición al sol puede desempeñar un papel importante en nuestra salud mental.
No obstante, la exposición solar, aunque en general es beneficiosa y placentera, puede volverse rápidamente peligrosa cuando es excesiva y no se realiza con la protección adecuada.

Por qué el tipo de protección solar importa
De manera preocupante, estudios recientes demuestran que los cánceres de piel, como el melanoma, el carcinoma de células escamosas (CCE) y el carcinoma basocelular (CBC), son cada vez más frecuentes en todo el mundo y afectan a las personas de manera diferente según el lugar donde viven.
Lamentablemente, se espera que el número de nuevos casos y el impacto sobre la calidad de vida aumenten de forma drástica para 2050, especialmente en países con menores ingresos y recursos sanitarios limitados. Los expertos prevén que, para entonces, los años de vida saludable perdidos debido al melanoma podrían aumentar de aproximadamente 2 millones en 2025 a más de 3,3 millones en 2025. En el caso del carcinoma de células escamosas, esa cifra podría pasar de 1,2 millones a 4 millones. Se espera que el carcinoma basocelular tenga el mayor impacto, con cerca de 5 millones de años de vida saludable perdidos para 2050. Los aumentos más pronunciados probablemente se producirán en los países con menos recursos económicos y sanitarios.
Las cremas de protección solar siempre han estado entre las medidas más eficaces que podemos adoptar para protegernos de los daños causados por el sol mientras disfrutamos de los tan esperados días de verano.

El legado ambientalmente perjudicial de los protectores solares
Un nuevo estudio revela que al menos una cuarta parte del protector solar que aplicamos sobre nuestra piel se desprende cuando nadamos en el mar. En una playa concurrida con 1.000 personas, esto supone que más de 35 kilogramos de protector solar terminen en el agua cada día.
Los protectores solares utilizan dos tipos principales de ingredientes: filtros químicos (orgánicos) y filtros minerales (inorgánicos o de base metálica). Los filtros químicos están compuestos por decenas de sustancias diferentes y funcionan absorbiendo los rayos UV del sol. Los filtros minerales, como el dióxido de titanio y el óxido de zinc, a menudo denominados «seguros para los arrecifes», actúan de forma distinta: reflejan o dispersan los rayos UV lejos de la piel.
Los expertos implicados en la investigación prestan especial atención a las benzofenonas (BP), los filtros UV más utilizados en los protectores solares, de los cuales se han identificado catorce tipos diferentes en productos de cuidado personal. Estas sustancias químicas pueden acumularse en el medio ambiente y en los organismos vivos, y además son difíciles de degradar. Uno de estos compuestos, conocido como benzofenona-3 u oxibenzona, figura actualmente en la lista de vigilancia de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas debido a las investigaciones que estudian su posible capacidad para alterar el sistema hormonal.
Los efectos de los protectores solares sobre la vida marina
Las evidencias más recientes de la Academia Nacional de Ciencias son, cuanto menos, preocupantes.
Los compuestos químicos presentes en los protectores solares pueden afectar a la vida marina de diferentes maneras:
- Algas verdes: pueden ver perjudicado su crecimiento y su capacidad para producir alimento mediante la fotosíntesis.
- Corales: estos compuestos pueden acumularse en los tejidos coralinos. Pueden provocar el blanqueamiento de los corales, dañar su ADN, afectar a los corales jóvenes e incluso resultar letales.
- Mejillones: pueden causar malformaciones congénitas en las crías de mejillón.
- Erizos de mar: pueden debilitar su sistema inmunitario, interferir en la reproducción y provocar deformidades en los ejemplares jóvenes.
- Peces: la exposición a estos compuestos puede reducir la fertilidad, disminuir la capacidad reproductiva y, en algunos casos, provocar que peces macho desarrollen características femeninas.
- Delfines: estas sustancias pueden acumularse en sus tejidos e incluso transmitirse a sus crías.

Protegernos a nosotros mismos y a nuestros océanos
Pero esto no significa que debamos renunciar a los indudables beneficios que nos brinda el sol. No tenemos que elegir entre disfrutar del verano y proteger nuestros océanos. Existen numerosas opciones respetuosas con el medio ambiente que permiten cuidar tanto de nosotros mismos como de la vida marina.
La organización de conservación marina Sailors For The Sea recomienda utilizar protectores solares seguros para los arrecifes y evitar productos que contengan oxibenzona y octinoxato, optando en su lugar por aquellos formulados con óxido de zinc o dióxido de titanio (en micropartículas, no nanopartículas). De hecho, estos ingredientes son menos tóxicos tanto para nuestra salud como para el medio ambiente. También es aconsejable dejar que el protector solar se absorba en la piel durante un tiempo antes de entrar en el agua. Esto ayuda a que una mayor cantidad del producto permanezca en nuestro cuerpo y menos termine en el océano. Además, mejora la eficacia del protector solar y reduce el riesgo de que se desprenda inmediatamente al bañarnos.
Por otro lado, las formas más accesibles y asequibles de protegernos de los daños causados por la radiación UVB se reflejan en las prendas que elegimos cuando nos exponemos al sol. Por ejemplo, cubrir la cabeza con pañuelos o sombreros y optar por colores claros que absorban menos calor.
El sol sigue siendo uno de los mayores regalos de la naturaleza, ofreciendo beneficios que van mucho más allá de un bronceado veraniego. Sin embargo, disfrutar de estos beneficios de manera responsable implica protegernos de la exposición nociva a los rayos UV y, al mismo tiempo, considerar el impacto ambiental de los productos que utilizamos. A medida que las investigaciones continúan revelando los efectos de ciertos ingredientes de los protectores solares sobre los ecosistemas marinos, los consumidores tienen la oportunidad de tomar decisiones más informadas. Al elegir alternativas seguras para los arrecifes, permitir que el protector solar se absorba adecuadamente antes de entrar en el agua e incorporar ropa protectora a nuestras rutinas estivales, podemos contribuir a preservar tanto nuestra salud como los océanos que sustentan gran parte de la vida en el planeta.
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@Kateryna Hliznitsova vía Unsplash
