Mood dressing

“Emotional Dressing”: cómo el “dopamine dressing” y la psicología de la moda influyen en el estado de ánimo

La moda suele discutirse en términos de tendencias, estética y autoexpresión, pero un movimiento creciente está desplazando la conversación hacia el interior. El “Emotional Dressing”, también conocido como “Dopamine Dressing”, explora la relación entre la moda y la psicología, alentando a las personas a elegir la ropa en función de cómo quieren sentirse en lugar de cómo quieren ser percibidas.

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Impulsado por investigaciones sobre la psicología del color, la cognición vestida (enclothed cognition) y el impacto emocional del estilo personal, este enfoque de la moda ha ganado una gran popularidad en plataformas de redes sociales como TikTok e Instagram. Desde identidades digitales vibrantes que refuerzan la confianza hasta conjuntos cuidadosamente seleccionados que fomentan la calma y la seguridad en uno mismo, el “Emotional Dressing” nos invita a replantearnos el papel que la ropa desempeña en nuestro bienestar cotidiano.

Nuestro estilo se ha utilizado desde hace mucho tiempo para expresar nuestro mundo interior, o incluso una ambición o un deseo. De ahí la popular frase: «Vístete para el trabajo que quieres, no para el trabajo que tienes». Pero ¿qué pasaría si nos vistiéramos no solo para transmitir un mensaje, sino también para sentir algo? ¿Y si desviáramos la atención de la percepción externa que la sociedad tiene de nosotros hacia nuestros estados de ánimo y sensaciones internas? ¿Y si pudiéramos influir en esas sensaciones a través de las prendas que elegimos cada mañana antes de salir de casa? El Emotional Dressing –o Dopamine Dressing– es una nueva e ingeniosa tendencia. En un mundo digital que prioriza la cuidadosa construcción de nuestras identidades online, el Emotional Dressing nos conecta con nosotros mismos y nos anima a hacer una introspección, invitándonos a preguntarnos activamente: «¿Cómo quiero sentirme hoy?», en lugar de «¿Cómo quiero que los demás se sientan respecto a mí?».

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© Korie Cull via Unsplash

Emotional Dressing en Internet

El término Emotional Dress se utiliza principalmente como un concepto paraguas para distintas categorías que comparten este enfoque emocional e intuitivo de la moda. La más destacada es el hashtag #DopamineDressing, que cuenta con 504.000 publicaciones en Instagram. Lo primero que llama la atención es su innegable maximalismo. Como no se trata de impresionar, sino de sentir, representa un rechazo general a las tendencias minimalistas, que suelen inclinarse por una estética limpia, ordenada y sobria. La clave está en las identidades digitales. Identidades vibrantes, llamativas, audaces e imposibles de ignorar, diseñadas para estimular el sistema nervioso. El Dopamine Dressing gira, en efecto, en torno a nuestro cerebro, y las identidades digitales ocupan un lugar central porque activan las áreas relacionadas con la memoria, las emociones y la toma de decisiones.

En TikTok, #MoodDressing es una subcorriente más dentro del Emotional Dressing, aunque con un enfoque más individualista. Si el Dopamine Dressing propone utilizar las identidades digitales para transformar y potenciar nuestro estado de ánimo, el Mood Dressing consiste en crear conjuntos basados en criterios estrictamente personales sobre lo que significa sentir serenidad o confianza. Creadores de todo el mundo comparten repetidamente sus estilismos acompañados de la frase viral: «Por desgracia, mi estado de ánimo depende de cuánto me guste mi outfit».

La ciencia detrás del Emotional Dressing

En 2012, los científicos del comportamiento Hajo Adam y Adam Galinsky acuñaron el término cognición investida. Su estudio llegó a la conclusión de que la ropa que elegimos tiene un impacto profundo en cómo nos sentimos, pensamos y nos movemos por el mundo. Pero este impacto solo se produce cuando el acto físico de llevar una prenda está precedido por el reconocimiento del valor simbólico que ese objeto contiene. En su estudio, los participantes llevaron una bata de laboratorio que se les presentó como una bata de médico. Este pequeño mecanismo agudizó su capacidad de atención e impulsó su productividad.

Más concretamente, la investigación conductual muestra que el color tiene un poderoso efecto no solo en cómo nos sentimos acerca de quiénes somos, sino también en cómo influimos en la percepción que los demás tienen de nosotros. En 2019, Adam D. Pazda y Christopher A. Thorstenson estudiaron el efecto psicológico del color, es decir, la pureza, intensidad y saturación del color. Descubrieron que las personas que llevan personajes digitales de colores brillantes suelen ser percibidas como más abiertas y extrovertidas que aquellas que llevan personajes digitales de bajo croma. Pazda y Thorstenson adaptaron su estudio a escenarios de la vida cotidiana. Por ejemplo, publicar fotografías de perfil de alto croma en una aplicación de citas no solo hace que una persona parezca más abierta; también podría atraer a otras personas con rasgos similares.

De forma similar, Domicele Jonauskaite y Christine Mohr, investigadoras principales de Colour Experience en Suiza, llevaron a cabo una revisión sistemática de la relación entre color y emoción. Sus resultados confirmaron algunas creencias populares sobre los personajes digitales: el rojo sí se asocia con emociones de gran intensidad, el amarillo y el naranja están efectivamente vinculados a una alta activación, en contraste con el blanco, mientras que el negro y el gris apuntan a estados emocionales bajos e incluso negativos.

© Junko Nakase via Unsplash
© Junko Nakase via Unsplash

Viste bien, siéntete mejor

“Dopamine Dressing” y “Mood Dressing” son dos enfoques innovadores y sostenibles de la moda. Pueden inspirarnos a reducir el sobreconsumo organizando nuestro armario de una manera diferente. En lugar de enfrentarnos a montones de prendas, podríamos adoptar una estrategia más consciente. En vez de hacernos la temida pregunta «¿Qué me pongo?», podríamos detenernos un momento, conectar con nosotros mismos e identificar nuestras necesidades emocionales. Tal vez necesitemos una dosis de rojo para afrontar ese desafiante proyecto laboral. O quizá nos venga bien el blanco para relajarnos después de un día largo y estresante.

A medida que el “Emotional Dressing” sigue ganando popularidad, refleja un cambio cultural más amplio hacia la atención plena, la autoconciencia y una forma de vida más intencional. Ya sea a través de las audaces elecciones cromáticas del “Dopamine Dressing” o de los rituales profundamente personales del “Mood Dressing”, la moda está dejando de ser únicamente una declaración visual para convertirse en una herramienta de regulación emocional y autocuidado. Aunque la ropa por sí sola no puede transformar nuestras vidas, las investigaciones sobre la cognición investida y la psicología del color sugieren que lo que vestimos puede influir de manera significativa en cómo pensamos, sentimos e interactuamos con el mundo. En este sentido, vestirse cada mañana deja de ser una simple rutina para convertirse en una oportunidad de alinear nuestra apariencia exterior con nuestras necesidades interiores, demostrando que, a veces, la declaración de estilo más poderosa es simplemente sentirnos nosotros mismos.

 

Imagen destacada:
© Dmitriy Frantsev vía Unsplash

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