¿Qué es el “friction maxxing”? La tendencia de la generación Z que rechaza la comodidad digital
Después de décadas de innovación diseñada para hacer la vida más fácil, un número creciente de jóvenes está eligiendo la incomodidad a propósito. “Friction Maxxing” puede sonar como otra palabra de moda nacida en internet destinada a desaparecer en pocas semanas, enterrada bajo el ciclo interminable de microtendencias de TikTok. Sin embargo, detrás de su nombre irónico se esconde algo mucho más revelador sobre el momento cultural actual.
¿Qué es Friction Maxxing?
En las redes sociales, las generaciones más jóvenes están rechazando cada vez más la hipereficiencia que definió los primeros años de la década de 2000 y abrazando formas de vida más lentas y deliberadamente incómodas. Desde teléfonos plegables y auriculares con cable hasta libros físicos, CDs y desintoxicaciones digitales, el Friction Maxxing refleja un creciente deseo de desconectarse de los estilos de vida impulsados por algoritmos y reconectar con el esfuerzo, la concentración y las experiencias tangibles. Pero ¿se trata realmente de una forma de mejorar el bienestar mental y resistirse a la sobreestimulación digital, o simplemente de que lo analógico se ha convertido en una nueva estética para las redes sociales?
Esa obsesión por el avance tecnológico…
La obsesión por el avance tecnológico de principios de los años 2000 ha quedado atrás. ¡Ahora llega el Friction Maxxing! Mientras que las primeras décadas del milenio estuvieron marcadas por la comodidad que nos ofrecían nuestros dispositivos digitales ultramodernos –smartphones y portátiles con pantalla táctil, iPads de última generación, auriculares inalámbricos, relojes inteligentes e incluso freidoras de aire–, en los últimos tiempos nos hemos sentido atraídos de nuevo por las viejas costumbres. Quizá sobreestimulados por la omnipresencia de estas tecnologías, que permanecen constantemente al alcance de nuestra mano, sentimos una necesidad creciente de desacelerar. Internet está actualmente inundado de creadores de contenido deseosos de abandonar un presente dictado por algoritmos y abrazar un estilo de vida que abandonamos colectivamente hace años, seducidos por la promesa tecnológica de un futuro más fluido, rápido y cómodo.
“El Friction Maxxing es la práctica deliberada de introducir pequeñas incomodidades en la vida cotidiana para reducir la dependencia digital, mejorar la concentración y cultivar la resiliencia.”

Friction Maxxing en pocas palabras
«No hay hombre más infeliz que aquel que nunca se enfrenta a la adversidad, pues no se le permite ponerse a prueba.»
– el filósofo Séneca.
El término no suena especialmente atractivo porque resulta bastante autoexplicativo. El Friction Maxxing es el acto de buscar voluntariamente incomodidades en nuestra vida cotidiana. Esta tendencia nos anima a introducir dificultades y obstáculos en nuestras tareas diarias, evitando el camino más fácil, para desarrollar tolerancia a la incomodidad y adoptar una rutina más pausada. Romantiza el esfuerzo y las experiencias analógicas frente a la hiper-eficiencia. De hecho, volver a lo analógico está actualmente muy de moda entre las generaciones más jóvenes que experimentan con el Friction Maxxing. En internet, numerosos influencers y creadores de la generación Z comparten sus historias sobre por qué decidieron cambiar sus iPhones por teléfonos plegables de la vieja escuela y sus altavoces Bluetooth por un reproductor de CD comprado de segunda mano. Incluso algo tan simple como los auriculares inalámbricos ha sido dejado de lado masivamente por la generación Z en favor de unos buenos auriculares con cable, esos que siempre sacábamos del bolso completamente enredados.
Neurocientíficos como Lila Landowski argumentan en contra de llevar una vida desprovista de tareas cotidianas cognitivamente exigentes, ya que los desafíos, grandes o pequeños, obligan a nuestro cerebro a trabajar más y a producir más energía. Para Landowski, optar siempre por el camino fácil y sin esfuerzo es como «… tener un entrenador personal que levanta las pesas por ti».
¿Ha eliminado la tecnología tanta fricción de nuestras vidas que hemos comenzado a perder capacidades humanas fundamentales como la paciencia, la concentración, la resiliencia e incluso la capacidad de aburrirnos?
¿De dónde surge el regreso a lo analógico?
En primer lugar, existe una constatación cada vez más incómoda: la tecnología, aunque generalmente conveniente, no siempre es tan fiable como parece. Un ejemplo reciente es el del lector de libros electrónicos más popular del mundo, el Amazon Kindle, que en 2022 concentraba el 72% del mercado de e-readers y había vendido entre 20 y 90 millones de dispositivos.
Ahora, los usuarios más fieles se han visto sorprendidos por el repentino anuncio de Amazon de que los Kindle lanzados en 2012 y pertenecientes a generaciones anteriores dejarán de poder acceder a la Kindle Store para comprar, tomar prestados o descargar nuevos contenidos. Esta decisión convierte en obsoletos miles de dispositivos que siguen funcionando perfectamente, condenándolos a terminar en vertederos. Como era de esperar, la medida ha generado malestar entre muchos usuarios, que se ven obligados a comprar versiones más recientes del Kindle, cambiar de marca o volver a los libros físicos.
La fatiga del algoritmo
Por otro lado, existe un creciente malestar psicológico entre las generaciones más jóvenes en internet, algo que queda reflejado en numerosos vídeos de YouTube donde las personas explican las razones que las llevaron a adoptar estilos de vida más analógicos. Estos testimonios muestran que elegir formas de vida más antiguas y menos convenientes puede, en realidad, mejorar la salud mental y el bienestar.
Un estudio reciente documentó que, debido al elevado uso de redes sociales, las personas que consumían grandes cantidades de vídeos cortos mostraban cambios evidentes en su cerebro. Presentaban un mayor volumen de materia gris en la corteza orbitofrontal, la región relacionada con la toma de decisiones y la regulación emocional. También mostraban más materia gris en el cerebelo, una zona vinculada al control del movimiento y determinadas respuestas emocionales.
No resulta sorprendente, por tanto, que la generación Z, que ha crecido en medio de una rápida transformación digital, esté liderando esta tendencia. Las estadísticas actuales muestran que el tiempo de pantalla de la generación Z es considerablemente superior al de generaciones anteriores. De hecho, los jóvenes de entre 16 y 24 años pasan más de siete horas al día utilizando sus teléfonos móviles, siendo el principal motivo mantenerse en contacto con amigos y familiares.
«Te considero desafortunado porque nunca has vivido una desgracia. Has atravesado la vida sin un adversario: nadie puede saber jamás de qué eres capaz, ni siquiera tú».
– Séneca, filósofo.

¿Es el Friction Maxxing simplemente otra tendencia de las redes sociales?
Mientras que, en teoría, el Friction Maxxing nos empuja fuera de nuestra zona de confort al animarnos a despegar las manos del teléfono, respirar y reconectar con nuestro entorno, en la práctica se trata de una cuestión mucho más compleja. Aunque desconectarnos del ruido digital al que estamos sometidos de forma permanente puede beneficiar nuestra salud mental, conviene preguntarnos: ¿se ha reducido el Friction Maxxing a una vaga idea estética para las redes sociales?
El Friction Maxxing se dirige principalmente a una generación que vivió su infancia en un espacio liminal entre la vida analógica y el auge de lo digital. El éxito de esta tendencia en plataformas como TikTok e Instagram, donde consumimos contenido rápido, fácil y visualmente atractivo, ha provocado que las soluciones “analógicas” se interpreten de forma bastante peculiar. Después de todo, los teléfonos plegables no son analógicos. Tampoco lo son las cámaras digitales ni los reproductores MP3. Por ello, cabe preguntarse si nuestro deseo de sumarnos a esta última tendencia surge de una necesidad real de desconectar la mente del flujo constante de información online o, más bien, de la nostalgia por la infancia. ¿Estamos persiguiendo una necesidad auténtica o una identidad viral?
Tener esto presente puede ayudarnos a acercarnos a este estilo de vida con una mentalidad abierta, siendo conscientes de cómo puede contribuir a combatir el “brainrot”, sacarnos de bloqueos lectores y mejorar nuestra capacidad de concentración. Cuando se practica de forma adecuada, el Friction Maxxing puede fortalecer nuestra confianza en nosotros mismos al ayudarnos a desarrollar una conexión más profunda con nuestras necesidades internas y a redescubrir nuestras capacidades y resiliencia en un mundo que avanza cada vez más rápido.
Tanto si el Friction Maxxing constituye una respuesta significativa al agotamiento digital como si es simplemente otra tendencia reformulada para las redes sociales, su popularidad revela algo importante sobre la relación que las generaciones más jóvenes mantienen hoy con la tecnología. En una cultura obsesionada con la velocidad, la optimización y la comodidad, elegir deliberadamente la lentitud y aceptar pequeñas incomodidades resulta casi un acto de rebeldía. En su mejor versión, el Friction Maxxing no consiste en romantizar el pasado ni en afirmar que la tecnología sea intrínsecamente perjudicial, sino en recuperar la intencionalidad en la vida cotidiana. Quizá el verdadero atractivo de este movimiento resida en su intento de restablecer el equilibrio: aprender cuándo la comodidad realmente nos ayuda y cuándo, de forma silenciosa, nos aleja de la concentración, la resiliencia y la capacidad de simplemente existir sin una estimulación constante.
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© Sies Kranen vía Unsplash
